La
violencia doméstica o violencia intrafamiliar es un concepto utilizado para
referirse a «la violencia ejercida en el terreno de la convivencia familiar o
asimilada, por parte de uno de los miembros contra otros, contra alguno de los
demás o contra todos ellos”. Comprende todos aquellos actos violentos, desde el
empleo de la fuerza física, hasta el hostigamiento, acoso o la intimidación,
que se producen en el seno de un hogar y que perpetra, por lo menos, un miembro
de la familia contra algún otro familiar.
El
término incluye una amplia variedad de fenómenos, entre los que se encuentran
algunos componentes de la violencia contra las mujeres, violencia contra el
hombre, maltrato infantil, o padres de ambos sexos.
3 Tipos de violencia doméstica
3.1 Violencia psicológica
3.2 Violencia contra los adultos mayores
3.3 Violencia contra la mujer en la pareja
3.4 Violencia contra el hombre en la pareja
3.5 Violencia contra los niños
3.6 Violencia filio-parental
3.7 Violencia contra el adolescente
4 Implicación social constructiva de la violencia familiar
5 Un enfoque psicoanalítico sobre la violencia intrafamiliar
3.1 Violencia psicológica
3.2 Violencia contra los adultos mayores
3.3 Violencia contra la mujer en la pareja
3.4 Violencia contra el hombre en la pareja
3.5 Violencia contra los niños
3.6 Violencia filio-parental
3.7 Violencia contra el adolescente
4 Implicación social constructiva de la violencia familiar
5 Un enfoque psicoanalítico sobre la violencia intrafamiliar
La
violencia familiar incluye toda violencia ejercida por uno o varios miembros de
la familia contra otro u otros miembros de la familia. La violencia contra la
infancia, la violencia contra la mujer y la violencia contra las personas
dependientes y los ancianos son las violencias más frecuentes en el ámbito de
la familia. No siempre se ejerce por el más fuerte física o económicamente
dentro de la familia, siendo en ocasiones razones psicológicas (véase síndrome
de Estocolmo) las que impiden a la víctima defenderse.
Estudios
realizados encontraron que en hogares donde existe maltrato o violencia
psicológica o cualquier otro tipo de violencia, los hijos son 15 veces más
propensos a manifestar algún tipo de maltrato en su etapa adulta.
La
violencia psicológica es la forma de agresión en la que la mayoría de los
países las afectadas van a quejarse y casi nunca toman acción en cuanto a dicho
tipo de violencia, ya que en este caso se unen la falta de opciones legales de
denuncia y protección frente a esta forma de violencia.
Las
señales de violencia son más fáciles de ocultar si es emocional, pues las
mujeres no aceptan el maltrato de forma “pasiva”; según los estudios realizados
que la mayoría de las mujeres maltratadas no lo aceptaron y que se resistieron
a él. Estas acciones de defensa hicieron que la violencia psicológica se viera
como una agresión mutua y algunas instituciones la catalogaron como un
conflicto de pareja. Sin embargo, de los estudios realizados en Honduras solo
dos de las mujeres entrevistadas aceptaron que eran agredidas emocionalmente,
antes de ser maltratadas físicamente. Gracias a diferentes campañas públicas y
con el conocimiento de programas estatales las mujeres tuvieron más claridad
acerca de la agresión psicológica que experimentaron.
Las
mujeres que no reconocen como agresión la violencia psicológica no significan
que no vean esta forma de violencia como algo que las dañe o las deshaga o como
algo indeseable. De hecho si lo ven y son estos episodios de maltrato emocional
lo que más las mueve a hablar de sus malestares con personas de confianza así
como familiares, amigos o personas de las iglesias y es aquí donde tratan de
librarse de esas formas de agresión.
Se
podría definir la violencia familiar como toda acción u omisión cometida en el
seno de la familia por uno de sus miembros, que menoscaba la vida o la
integridad física, o psicológica, o incluso la libertad de otro de sus
miembros, y que causa un serio daño al desarrollo de su personalidad.
No
existe consenso entre investigadores respecto a la relación entre el género y
este tipo de violencia, por lo que es un tema controvertido donde persiste
cierta confusión a la hora de definir sus respectivas tipologías —violencia de
género contra violencia doméstica—; actualmente se observa un debate acerca de
las tasas de víctimas para cada género y si los hombres maltratados deben
contar con los mismos recursos y refugios que están disponibles para las
mujeres víctimas. En particular, algunos estudios sugieren que los hombres son
menos propensos a ser víctimas de la violencia doméstica debido a los estigmas sociales.
Otras fuentes, sin embargo, sostienen que la tasa de violencia doméstica contra
los hombres se infla debido a la práctica de la inclusión de la legítima
defensa como una forma de violencia doméstica.
Habitualmente
este tipo de violencia no se produce de forma aislada, sino que sigue un patrón
constante en el tiempo. Los principales sujetos pasivos son las mujeres, niños
y personas dependientes. Lo que todas las formas de violencia familiar tienen
en común es que constituyen un abuso de poder y de confianza. Dada la
complejidad y variedad del fenómeno, es muy difícil conocer sus dimensiones
globales.
La
violencia psicológica, también conocida como violencia emocional, es una forma
de maltrato, por lo que se encuentra en una de las categorías dentro de la
violencia doméstica. La intención que trae consigo la violencia psicológica es
humillar, hacer sentir mal e insegura a un individuo, deteriorando su propio
valor. Difiere del maltrato físico ya que éste es sutil y es mucho más difícil
de percibirlo o detectarlo. Se manifiesta a través de palabras hirientes,
humillaciones, gritos e insultos. Este trastorno puede tener bases en la
infancia de las personas cuando se llevan a cabo la falta de atención por parte
de los padres o familiares y la violencia intrafamiliar.
El
síndrome de la abuela esclava es otra forma de maltrato frecuente en el siglo
XXI, descrito sobre todo en países hispanoamericanos, que afecta a mujeres
adultas con gran carga familiar, voluntariamente aceptada durante muchos años,
pero que al avanzar la edad se torna excesiva. Si la mujer no expresa
claramente su agotamiento (o lo oculta), y sus hijos no lo aprecian y le ponen
remedio, la sobrecarga inadecuada provoca o agrava diversas enfermedades
comunes: hipertensión arterial, diabetes, cefaleas, depresión, ansiedad y
artritis. Estas manifestaciones no curan adecuadamente si no se reduce
apropiadamente la sobrecarga excesiva. Ocasionalmente puede provocar suicidios,
activos o pasivos
"El
Síndrome de los Abuelos Fantasmas", en este tipo de violencia los abuelos
son tan ignorados que nadie los ve ni los escucha, simplemente llegan a ser un
mueble más de la casa. Los hijos creen que darles de comer y darles un espacio
para vivir, es suficiente para satisfacer sus necesidades y no se dan cuenta de
que eso, es lo de menos. Ya que lo que desean estos abuelos es ser queridos,
tomados en cuenta, sentirse útiles y amados. Esta violencia contra las personas
de las tercera edad trae como consecuencia la depresión que puede llegar al
suicidio y acarrear múltiples enfermedades, ya que las personas en su afán de
querer morir no se atienden de sus padecimientos y como en un círculo vicioso
genera más trastornos todavía.
Los
niños que suelen estar presentes durante la violencia y los que presencian
pueden sufrir problemas emocionales y de comportamiento. Los investigadores
indican que la violencia en la familia a los niños le afecta en tres maneras:
en la salud, educación y el uso de violencia en su propia vida. Se ha
comprobado que los niños que presencia la violencia manifiestan un grado mayor
de depresión, ansiedad, síntomas de trauma y problema de temperamentos.
La idea de la sumisión de la mujer
como mejor forma para asegurar la paz dentro del matrimonio está todavía
arraigada entre nosotros.
Inés
Alberdi
La
violencia contra la mujer por parte de su pareja o ex-pareja está generalizada
en el mundo, dándose en todos los grupos sociales independientemente de su
nivel económico, cultural o cualquier otra consideración. Aun siendo de difícil
cuantificación, dado que no todos los casos trascienden más allá del ámbito de
la pareja, se supone que un elevado número de mujeres sufren o han sufrido este
tipo de violencia. Estudios realizados en países por desarrollar arrojan una
cifra de maltrato en torno al 20%, encontrándose los índices más bajos en
países de Europa, en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón con cifras en
torno al 3%.
La mayoría
de las víctimas oculta que existan esos problemas por temor a ser juzgados en
la sociedad. La indecisión es una de las causas para no admitir la situación
así como el estereotipo dominante de la feminidad en Occidente, donde no se
considera como atributo de las mujeres el ejercicio de la violencia activa.
También
entra el aspecto de la educación y del entorno social que se vive desde niños,
a un hombre que es maltratado psíquica o físicamente por su pareja, se le
atribuye que es un hombre "débil", o es agredido por sus amigos o
compañeros de trabajo y es precisamente por esto que no está dispuesto a
denunciar y mucho menos a buscar ayuda.
Unas
de las consecuencias de la violencia doméstica es la depresión. Las mujeres que
sufren violencia doméstica corren un mayor riesgo de estrés y trastorno de
ansiedad, en particular los trastornos resultantes del estrés postraumático. El
intento de suicidio y depresión se conectan estrechamente la violencia en
pareja. La violencia contra la mujer impide que participen plenamente en sus
comunidades en los planos económicos y sociales. Las mujeres en violencia
tienen menos probabilidades de tener empleo.
En
todas las relaciones humanas surgen conflictos y en las relaciones de pareja
también. Las discusiones, incluso discusiones fuertes, pueden formar parte de
la relación de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir
peleas y llegar a la agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar
cotas de violencia que serían censurables y perseguidores, formaría parte de
las dificultades a las que se enfrentan las parejas. El maltrato no es un
concepto relacionado con esto; en el maltrato el agresor siempre es el mismo:
Por definición, el conflicto es una modalidad relacional que implica
reciprocidad y es susceptible de provocar un cambio. Por el contrario, el
maltrato, aunque adopte las mismas formas (agresiones verbales o físicas), es
unilateral, siempre es la misma persona la que recibe los golpes».
En
la pareja, el maltrato contra la mujer tiene unas causas específicas: los
intentos del hombre por dominar a la mujer, la baja estima que determinados
hombres tienen de las mujeres; causas que persiguen instaurar una relación de
dominio mediante desprecios, amenazas y golpes.
Los
hombres que maltratan a su pareja son motivados por una necesidad de dominar y
controlar a su pareja. En una revisión de múltiplos trabajos los principales
resultantes indican que los agresores suelen presentar con frecuencia
alteraciones psicológicas como falta de control sobre ira, dificultades en la
expresión de emociones, déficits de habilidades de comunicación y de solución
de problema y baja autoestima. “Existen diferentes tipos de hombres violentos
-agresores limitados al ámbito familiar, agresores con características borderline/disforias
y agresores violentos en general/antisociales- que requieren programas de
tratamiento, adaptados a sus características y necesidades específicas”.
Los
rasgos más visibles del maltrato son los golpes y los asesinatos, los cuales trascienden
del ámbito de la pareja; sin embargo, los maltratos de baja intensidad, los
maltratos psíquicos que, mantenidos en el tiempo, socavan la autoestima de la
mujer, son los que mayoritariamente se dan. Cuando trasciende un caso de
maltratos, la mujer puede llevar años sufriéndolos. Y si los maltratos pueden
producirse en cualquier etapa de la historia de la pareja, es en el momento de
la ruptura y tras esta, si se produce, cuando llegan a exacerbarse.
Es
por esto que, en la búsqueda de prevenir la violencia, se trata de dar
herramientas a los adolescentes para identificar los rasgos típicos de las
personas violentas y ser conscientes de esa violencia de baja intensidad que
comienza generalmente antes del matrimonio, durante el noviazgo. Así nace el
concepto de violencia en el noviazgo.
Es
frecuente tratar el tema de los maltratos como casos individuales. Los
agresores sufrirían una serie de trastornos que les conducirían a maltratar a
la mujer y a esta, en su fragilidad, a recibirlos. Esta sería una visión del
problema tranquilizadora que no pondría en cuestión el modelo patriarcal.
El modelo psicopatológico explica la
violencia como resultado de conductas desviadas propias de ciertos individuos
cuya historia personal está caracterizada por una grave perturbación. Este
enfoque, al fin y al cabo tranquilizador, habla de un «otro», un «enfermo» o
«delincuente», al que, después de examinarlo, se le puede castigar o tratar
médicamente.
Desde el punto de vista feminista, la
violencia masculina se percibe como un mecanismo de control social que mantiene
la subordinación de las mujeres respecto de los hombres. La violencia contra
las mujeres se deriva de un sistema social cuyos valores y representaciones
asignan a la mujer el estatus de sujeto dominado.
Maryse
Jaspard.
Las
consecuencias últimas de la violencia contra la mujer en la pareja son la de
decenas o cientos de mujeres muertas cada año, en diferentes países, a manos de
sus parejas o ex-parejas. Y en muchos casos, esta violencia a manos de sus
parejas o ex-parejas contra la mujer quien es madre además del estrés
postraumático que puede seguir produzca efectos muy negativos para el
desarrollo psicológico de los niños en el hogar.
Las
consecuencias de estos (y de cualquier otro tipo de maltrato) son que la
autoestima de la persona disminuye y afecta el desarrollo emocional. En la mayoría
de los casos, la persona puede buscar una solución en las drogas y el alcohol,
incluso, en delincuencia. Además, si no existe un avance o solución previa en
la persona suele repetir este patrón de maltrato, cayendo en un círculo
vicioso. La baja autoestima se manifiesta en todas las personas que sufren de
algún tipo de maltrato y se refleja mucho en el ámbito escolar o laboral; la
persona tiene problemas de identidad y mucha dificultad en cuanto al manejo de
la agresividad, se le dificulta construir relaciones afectivas debido a la
desconfianza hacia las demás personas.
Los
resultados indican que la violencia infligida por la pareja (también denominada
“violencia doméstica”) se halla extendida en todos los pases donde se realizó
el Estudio. No obstante, se registraron numerosas variaciones entre países y
entre entornos dentro de un mismo país. Si bien se observaron diferencias en
función de la edad, el estado civil y el nivel de instrucción, estos factores
sociodemográficos no explicaron las divergencias que se encontraron entre los
distintos entornos.
El
porcentaje de mujeres que habían tenido pareja alguna vez y que habían sufrido
violencia física o sexual, o ambas, por parte de su pareja a lo largo de su
vida oscilaba entre el 15% y el 71%, aunque en la mayoría de los entornos se
registraron índices comprendidos entre el 24% y el 53%. Las mujeres japonesas
eran las que habían experimentado menos violencia física o sexual, o ambas,
infligida por su pareja, mientras que el mayor número de experiencias violentas
se registraba en entornos provinciales (fundamentalmente de población rural) en
Bangladesh, Etiopía, Perú y la República Unida de Tanzania. Sin embargo,
incluso en Japón, cerca del 15% de las mujeres que habían tenido pareja alguna
vez declaró haber sido objeto de violencia física o sexual, o ambas, en algún
momento de su vida. En el último año, los porcentajes de mujeres que habían
sido víctimas de violencia a manos de su pareja oscilaban entre un 4% en Japón
y en Serbia y Montenegro
La
violencia doméstica contra el varón —en el contexto de la violencia doméstica—
se refiere a aquellas acciones violentas donde el rol de agresor es tomado por
la mujer en las parejas heterosexuales o bien, por el varón en aquellas parejas
de carácter homosexual.
La
detección del niño expuesto a violencia doméstica puede llegar por diversos
caminos; el más común de ellos es que la madre haya hecho una consulta y revele
la situación. El problema también puede salir a la luz porque otro profesional,
como el pediatra o profesor lo haya detectado, o porque el propio niño lo
verbalice.
Las
condiciones asociadas a situaciones de maltrato, impiden el desarrollo normal a
lo largo de la infancia y sitúan al niño a alto riesgo de desarrollar
psicopatología Cicchetti y Toth, 1997). Para conocer las consecuencias
psicológicas de la violencia doméstica en los niños se hace necesaria la
evaluación de su estado cognoscitivo, emocional y conductual (Osofsky, 1999).
Las alteraciones que presente varían según la etapa evolutiva en la que se
encuentra.
En
preescolares, la exposición a violencia doméstica se asocia a irritabilidad
excesiva, regresión en el lenguaje y control de esfínteres, problemas de sueño
(insomnio, sonambulismo), ansiedad de separación, dificultades en el desarrollo
normal de la autoconfianza y de posteriores conductas de exploración,
relacionadas todas ellas con la autonomía (Osofsky, 1999). Los síntomas de
Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), como re experiencia repetida del
evento traumático, evitación, y aumento del “arousal”, también están presentes
en niños pequeños.
En
la etapa preescolar se suele contar con la información de la madre o de otros
adultos significativos. El Child Behaviour Checklist (CBCL1½-5 y TRF1½-5;
Achenbach y Rescorla, 2001), contestado por la madre o por los profesores,
permiten obtener un perfil sintomatológico general de los problemas
conductuales y emocionales de los niños de estas edades.
El
cuestionario Interactivo Gabi (adaptación al español de Dominic Interactive;
Valla, Bergeron, y Smolla, 2000) es un auto informe de cribado de
sintomatología psicopatológica para niños de 6 a 11 años. Se presenta en
formato audiovisual con dibujos sobre un niño o una niña llamados Gabi. Cada
ítem describe una situación que le sucede al personaje y el niño debe contestar
si le sucede lo mismo a él. Se evalúan 8 escalas (fobias específicas, ansiedad
de separación, ansiedad generalizada, depresión/ distimia, oposición, problemas
de conducta, déficit de atención/hiperactividad y puntos fuertes/capacidades).
Los
niños en edad escolar muestran síntomas de ansiedad, depresión, conducta
agresiva y estrés postraumático, así como otros problemas asociados como dificultades
para dormir, concentrarse y para afrontar las peculiaridades de su entorno. Sus
actitudes, competencia social y su funcionamiento escolar se ven afectados y, a
medida que crecen, tienen mayor riesgo de presentar fracaso escolar, cometer
actos vandálicos y presentar psicopatología, incluyendo abuso de sustancias
(Osofsky, 1999). Los adolescentes que son testigos de violencia doméstica
presentan mayores índices de implicación en actos criminales (Fagan, 2003) y
tienden a justificar el uso de la violencia en sus relaciones amorosas (Lichter
y McCloskey, 2004).
La
violencia filio-parental (VFP) o violencia de los hijos a los padres es el
conjunto de conductas reiteradas de agresiones físicas (golpes, empujones,
arrojar objetos), verbales (insultos repetidos, amenazas) o no verbales (gestos
amenazadores, ruptura de objetos apreciados) dirigida a los padres o a los
adultos que ocupan su lugar. Se incluyen, entonces, las amenazas y los
insultos, ya sean realizados a través de gestos o verbalizaciones, las
agresiones físicas de cualquier tipo, o la ruptura consciente de objetos
apreciados por el agredido. Además, la violencia debe ir dirigida contra los
padres o aquellas figuras parentales que les sustituyan: tutores, educadores,
etc.
En
el Código Penal de países como España (art. 173.2.) se conoce por violencia
familiar los maltratos que se efectúan entre los integrantes de la unidad
familiar nuclear, donde entre la víctima y el agresor existen vínculos:
genéticos, legal, de convivencia, de dependencia económica y/o afectiva. |
Violencia Filio Parental
No
se incluiría, por tanto, en esta definición la violencia ocasional sin
antecedentes y que no se repite. Esto excluye, de manera casi generalizada, el
parricidio, que presenta características particulares que lo distinguen y que,
a menudo, constituye un episodio único, sin que se registren antecedentes. Se
excluyen, también, la agresión sexual a los padres y los asaltos premeditados
con armas letales por considerarse de un perfil diferente, así como la
violencia que aparece en un estado de disminución importante de la consciencia
(autismo o retraso mental grave) y que no se repite cuando este estado remite:
violencia en el curso de intoxicaciones, de trastornos mentales orgánicos, de
trastornos del curso o contenido del pensamiento, etc.
En
la edad adolescente se dan situaciones referidas a los cambios tanto
biológicos, psicológicos y sociales. Donde se incluyen miedos, injusticias,
discriminación, violencia, temor al futuro, toma de decisiones, falta de
entusiasmo, entre otros aspectos.
Cuando
se empieza a desdibujar la identidad de la familia, sus miembros actúan de modo
descoordinado, hay una distorsión de la comunicación, los valores y creencias
son cuestionados. La familia empieza a funcionar con predominio de desorden y
comienza a haber situaciones que exceden su límite de tolerancia. Los integrantes
de la familia han entrado en lo que comúnmente se denomina una
"crisis", esta crisis se va a caracterizar por estados de confusión,
desorganización y caos. Dado que la presencia de conflictos en las relaciones
interpersonales es inevitable, en lo que nos tenemos que detener es en el
método utilizado para su resolución. No es difícil diferenciar el conflicto
resuelto mediante la puesta en juego de conocimientos, aptitudes y habilidades
comunicativas, y otro que se resuelve mediante el ejercicio de poder y de
autoridad. La agresividad da cuenta de la capacidad humana para oponer
resistencia, incluye aspectos fisiológicos, conductuales y vivenciales.
La
agresión puede adoptar diferentes formas, motoras, verbales, gestuales,
posturales, etc. El maltrato juvenil es cualquier acción u omisión, no
accidental que provoque un daño físico o psicológico a un adolescente por parte
de sus padres o cuidadores. Hay diferentes tipos de maltrato juvenil, como:
físico (lesiones), sexual (Se podría definir al abuso sexual como el tipo de
contacto sexual por parte de un adulto o tutor, con el objetivo de lograr
excitación y/o gratificación sexual.), abandono y abuso emocional (hostilidad
verbal como insultos, burlas, desprecio, críticas o amenazas de abandono), ser
testigo de violencia (Estos presentan trastornos muy similares a los que
caracterizan a quienes son víctimas de abuso).
La
violencia, en la mayoría de los casos, ha llegado a ser parte de la vida cotidiana
de muchas personas a las cuales afecta en gran manera su comportamiento y el
desarrollo de diversas actividades que deseen ejercer. Es decir, la violencia
también es una conducta aprendida. La violencia puede manifestarse en cualquier
ámbito social como el cultural, político, económico y el ámbito social
doméstico.
La
violencia familiar tiene como base la cultura (el medio donde se desarrolla
esta situación) y que incluso, engloba a los medios de comunicación. Este
régimen de ideas apoya ciertas justificaciones a las acciones clasificadas como
violencia intrafamiliar por el uso de estereotipos a los miembros de la
familia. Durante la década de los setentas se desarrollaron varias teorías
sobre los posibles principios del abuso de la mujer por su marido o pareja
masculino. Una de ellas es a base del pensar feminista que postula que la
sociedad es patriarcal y que se acepta el uso de la violencia para mantener
dominación masculina. Según esta teoría el hombre utiliza la violencia para
subordinar a las mujeres porque las mujeres le temen a la violencia. Otra
teoría refleja que los hombres causan daño a su pareja reportan sentimientos de
impotencia respecto a su pareja. De acuerdo con el estudio de Lenore Walker
(1984), esta teoría trata de reconciliar la teoría feminista con la teoría de
acondicionamiento social.
Un
miembro de la familia que es oprimido u omitido intencionalmente con el fin de
someterlo a fuerzas vía lo físico, lo psicológico o sexualmente, está en una
relación abusiva. La relación abusiva usualmente es entre parejas
sentimentales, o de otros modos cónyuges, y es razón principiante de los
problemas en salud pública.
El
abuso psicológico es el más amplio de todas las violencias por porque pueden
incluir abusos de tipo sexual y físico causando trauma a la víctima. Este tipo
de abuso es visto como manipulación entre la pareja. Mujeres señalan que el
abuso verbal, incluyendo la coerción, el aislamiento, la privación, las
amenazas, la humillación y la frialdad afectiva, son incluso peor que el abuso
físico. Mientras que el abuso físico es episódico, el psicológico es progresivo
y se mantienen por plazo largo.
La
mujer maltratada es aquella mujer que permanece en una relación donde su pareja
la agrede sistemáticamente. El ciclo de la violencia tiene tres etapas
sucesivas primordiales. En la primera etapa se incrementa la tensión y la
víctima intenta progresivamente tratar agradar al abusador para que suceda la
violencia. Si la violencia sigue este ciclo, la víctima puede enfrentarse con
la pareja porque ha visto que la violencia es inevitable. Al hacer esto la
tensión cada vez se vuelve mayor. La segunda etapa es donde se inicia la
violencia de cualquier forma y siempre es dolorosa. Finalizando el ciclo, el
abusador pide perdón a su pareja, por el remordimiento y probablemente dice que
jamás sucederá por la realización de un comportamiento positivo. La persona
afectada puede sentirse recompensada y lo perdona, creyendo que no va a suceder
la violencia de nuevo. Cualquier persona sana piensa que la mejor decisión sería
abandonar la relación ya que hay amenaza de violencia, pero no se descarta tan
ligeramente. Cinco razones por cual la terminación de la relación es cuidadosa
son las siguientes. La víctima teme por su seguridad personal u otros miembros
de la familia tanto como el capital económico y de vivienda del mismo. Otra
razón por cual no se deshecha la relación, es la esperanza de cambio en el
perpetrador. Creencias personales que la víctima no está dispuesta a cambiar.
Una de las razones más persuasivas, algunas veces, es la misma familia quien dice
que no terminen la relación. La presión de vida en general a veces no deja que
uno tome la decisión correcta.
En
cuanto a la respuesta o solución de este fenómeno social, debe empezar con la
comprensión de lo que es la ley concreta y sus consecuencias. Por ejemplo, La
ley número 54 del año 1989, Ley para prevención e intervención con la violencia
doméstica en Puerto Rico; describe en su tercer capítulo la conducta Delictiva,
Penalidades y otras Medidas.
Hay
gestiones constructivas en el plan de solucionar este problema según la
Organización Panamericana de Salud. Dentro del significado violencia familiar
expone que este es formado de relaciones subjetivas entre las personas. Con
base a esto se han elaborado nuevos modelos de gestión cuales enfoques son las
relaciones familiares. Una de ellas es el brindar atención integral a la
persona y su familia, donde prevención y la seguridad sean los ejes
articuladores de la gestión y de la intervención. Otro modelo de gestión seria
concentrarse en la educación social de la comunidad a fin de lograr la cultura
de la no violencia y promocionar comportamiento familiar unido.
Un
enfoque psicoanalítico te ofrece una perspectiva que es centrada en la
simbolización de los actos agresivos que presenta todo ser humano, la posición
de la víctima y la responsabilidad subjetiva de los personajes que hacen parte
de la violencia doméstica. La violencia intrafamiliar se considera como una
epidemia que golpea a los hogares en un ámbito mundial.
El
psicoanálisis explica que todo ser humano existen desde la infancia tendencias
e impulsos agresivos que deben ser liberados. Esto sostiene que la agresividad
y violencia no son exclusivas de personas jóvenes o adultas, clase social alta
o baja, familia con cultura determinada y educación. Enseñan que la violencia
doméstica muestra dificultad para trasmitir la agresividad de una forma
civilizada. Los psicoanalíticos han mostrado que en la infancia las personas
experimentan placer cuando liberan su agresividad, pero con el curso del desarrollo
la educación recibida en casa y el colegio hace que agresión se impide la
satisfacción de agresividad por medio del castigo.
«Desde el psicoanálisis se explica que
estas indeseadas situaciones de violencia están presentes en toda familia, pues
en todo ser humano existen desde la temprana infancia tendencias e impulsos
agresivos que surgen en la relación con el semejante y que deben ser
descargados, pues la imposibilidad de descargar estos impulsos genera
displacer».
(Aramburo,
2010, p. 5)


